Libro del desasosiego
Libro del desasosiego ¡Con cuánto vigor de mi alma solitaria construí página sobre página, viviendo sílaba a sílaba la magia falsa, no de lo que escribía, sino de lo que suponía estar escribiendo! ¡Con qué hechicería de brujas irónicas me creí poeta de mi prosa, en el momento alado en que nacía, más rápida incluso que los movimientos de la pluma, como una compensación falaz a los insultos de la vida! Y al final, hoy mismo, releyendo, vienen a romperse mis muñecos, y les sale la paja de las costuras, vaciándose sin haber sido…
He llegado a ese punto en el que el tedio es alguien, la ficción encarnada de mi convivencia conmigo mismo.
El mundo exterior existe como el actor sobre un escenario: está allí, sí, pero es otra cosa.
Antes de que se vaya el verano y llegue el otoño, en este cálido entretiempo en que el aire aún pesa y los colores se ablandan, las tardes acostumbran a ponerse un traje sensible de falso empaque. Comparables a aquellos artificios de la imaginación en los que la añoranza lo es por nada, y se alargan indefinidas como la estela de los barcos cuando trazan la misma y sucesiva serpiente.