Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Los rasgos de la ciudad renacieron al descorrerse la máscara que la encubría. Como si se abriese una ventana, el día, radiante ya, rayó. Hubo un leve cambio en los ruidos. Hubo otros que se sumaron a ellos. Un tono azul se insinuó hasta en la piedras de la calle y en las auras impersonales de los transeúntes. El sol era caliente, pero húmedamente caliente. Lo cernía invisiblemente la niebla que ya no existía.