Libro del desasosiego
Libro del desasosiego El despertar de una ciudad, ya sea entre la niebla o de cualquier otro modo, es siempre para mà algo mucho más enternecedor que el alborear de los campos. Renace mucho más, hay mucho más que esperar cuando, en vez de dorarse primero de luz oscura, más tarde de la luz húmeda, y aún más tarde todavÃa del oro claro, tanto el césped como los recortados arbustos y el haz de las hojas, son multiplicados en sus posibles efectos sobre las ventanas, sobre los muros, sobre los tejados —en las ventanas tantos efectos, en las paredes tantos colores distintos, en los tejados tonos diferentes—, grande y diversa mañana para tantas realidades diversas. Un amanecer en el campo me hace bien, un amanecer en la ciudad me hace mal y bien, pero es esa la razón por la que me hace sentir tan bien. SÃ, porque la esperanza mayor que me produce, como todas las esperanzas, aquel gusto lejano y melancólico de no ser realidad. La mañana del campo existe, mientras que la mañana de la ciudad promete. Una hace vivir, la otra pensar. Y yo he de sentir siempre, al igual que los grandes malditos, que más vale pensar que vivir.