Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Si por moral no hago el bien, por la misma moral exijo que no me lo hagan. Cuando estoy enfermo, lo que más me incomoda es obligar a otro a atenderme, cosa que me repugnarÃa hacer con otro. Nunca he visitado a ningún amigo enfermo. Siempre que, estando enfermo, me vinieron a visitar, sufrà cada visita como una molestia, como un insulto, como una violación injustificable de mi decidida intimidad. No me gusta que me regalen cosas, pues eso parece obligarme a que yo también las regale —a los mismos o a los otros, sean quienes sean.
Soy bastante sociable de un modo bastante negativo. Soy la inofensividad encarnada. Pero no soy más que eso, ni quiero ser más que eso, como no puedo ser más que eso. Mantengo para todo lo existente una ternura visual, un cariño de la inteligencia —no del corazón—. No tengo fe en nada, esperanza de nada, caridad para con nada. Abomino con náusea y me sorprendo de los sinceros de todas las sinceridades y de los mÃsticos de todos los misticismos, o mucho mejor, las sinceridades de todos los sinceros y los misticismos de todos los mÃsticos. La náusea es casi fÃsica cuando los mÃsticos son activos, cuando pretenden convencer a la inteligencia ajena, o mover la voluntad ajena, encontrar la verdad o cambiar el mundo.