Libro del desasosiego
Libro del desasosiego En esta hora, en que siento incluso desbordarme, quisiera tener la entera malicia de decir, el capricho libre de un estilo por destino. Pero no, sólo el alto cielo lo es todo, remoto, extinguiéndose, y la emoción que siento y que se debe a tantas cosas juntas y confusas, no es más que el reflejo de ese cielo inútil en un lago mío —lago recortado por altos roquedos, callado, como muerto, donde las alturas se contemplan olvidándose de sí.
Tantas y tantas veces, como ahora, me ha dolido sentir que siento —sentir angustia sólo por sentir, la inquietud de estar aquí, la nostalgia de algo desconocido, el ocaso de todas las emociones, amarillear abatido por la tristeza gris en mi conciencia ajena a mí.
Ah, ¿quién me librará de existir? No deseo la muerte ni la vida, sino esa cosa que brilla en el fondo del ansia como un diamante posible en una cueva a la que no es posible descender. Es todo el peso y toda la aflicción de este universo tan real como imposible, de este cielo estandarte de un ejército desconocido, de estos tonos que van palideciendo por el aire ficticio, de donde el creciente imaginario de la luna emerge en una blancura eléctrica, quieta, recortada en lo lejano y lo insensible.