Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Larvas del declive o del desperdicio, sombras que se elevan sobre el valle, vestigios que quedan del destino. Unas veces son gusanos, nauseabundos ante el propio alma que los mima y crea; otras veces son espectros y rondan siniestramente la nada; otras veces emergen como culebras de los tugurios absurdos de las emociones perdidas.
Lastre de lo falso, no sirven más que para que no sirvamos. Dudas del abismo, dejadas en el alma, arrastrando pliegues soñolientos y fríos. Perduran humos, pasan rastros, y no queda más que el ser la sustancia estéril de haber tenido conciencia de ellos. Unos y otros son como piezas íntimas de fuegos artificiales; fulgura un momento entre sueños y el resto es la inconsciencia de la consciencia con que los vimos.
Cinta desatada, el alma no existe en sí misma. Los grandiosos paisajes aparecerán mañana, pero nosotros vivimos ya hoy. Fracasó la plática interrumpida. ¿Quién nos habría de decir que la vida sería esto?
Me pierdo al encontrarme, vacilo cuando encuentro algo, nada tengo si eso ya lo he obtenido. Como si deambulase duermo, pero estoy despierto. Despierto como si estuviese dormido, mas no me pertenezco. La vida es, finalmente, un gran insomnio y hay un sobresalto de lucidez en todo cuanto pensamos y hacemos.