Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Sí, mañana o cualquier otro día, cuando quiera que suene para mí la campana sorda de la muerte o de la marcha, seré también aquél que ya no está aquí, el copista antiguo que será puesto en el armario de la parte baja del hueco de la escalera. Mañana, o cuando el Destino lo disponga, pondrá fin el que fingió ser yo en mí. ¿Volveré a la tierra natal? No sé a dónde iré. Hoy la tragedia es visible por la ausencia, sensible por no merecer que se sienta. ¡Dios mío, Dios mío, el mozo de oficina se ha marchado!
Estoy casi convencido de que nunca estoy despierto. No sé si sueño cuando vivo o si vivo cuando sueño, o si el sueño y la vida no son para mí sino cosas mezcladas, intercaladas, y que mi ser consciente se forme por interpenetración.
A veces, en plena vida activa, cuando, es evidente, estoy tan seguro de mí como los demás, me llega una extraña sensación de duda; no sé si existo, y siento como posible ser el sueño de un otro, y se me figura, casi carnalmente, que podría estar siendo el personaje de una novela, moviéndome en las abiertas ondas de un estilo, en la verdad producida por una gran novela.