Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Y, por fin, el otoño acababa por retirarse, frÃo y gris. Era un otoño invernal lo que ahora venÃa, un polvo convertido en cieno, pero, al mismo tiempo, algo bueno que trae el frÃo del invierno —verano duro y finalizado, primavera por llegar, otoño que se va convirtiendo en invierno—. Y en el aire alto, por donde los tonos descoloridos ya no recordaban ni el calor ni la tristeza, todo era propicio a la noche y a la meditación indefinida.
Asà era todo para mà antes de que pudiera pensarlo. Si hoy lo escribo es porque lo recuerdo. Este otoño que tengo es el que perdÃ.
Las cosas soñadas sólo tienen el lado de acá… No hay quien pueda ver su otro lado… No se puede andar alrededor de ellas… Lo malo de las cosas de la vida es que las podemos ir mirando desde todos los ángulos… Las cosas del sueño sólo tienen el lado que vemos… Tienen una sola cara, como nuestras almas.
En la neblina de la mañana de la media primavera, la Baixa despierta con torpor y el sol nace como lentamente. Hay una alegrÃa sosegada en el aire medio frÃo y la vida, al soplo leve de la inexistente brisa, tirita vagamente del frÃo que ya se ha ido, por el recuerdo del frÃo más que por el frÃo mismo, por la comparación con el verano ya próximo, más que por el tiempo que hace ahora.
