Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Por eso jamás me siento tan próximo a la verdad, tan sensiblemente iniciado, como en las raras ocasiones en que voy al teatro o al circo; entonces sé que estoy asistiendo a la más perfecta representación de la vida. Y los actores y actrices, los payasos y prestidigitadores me parecen gentes importantes y fútiles, como el sol y la luna, como el amor y la muerte, la peste, el hambre, la guerra en la humanidad. Todo es teatro. Ah ¿quiero la verdad? Mejor sigo con la novela…
No sé lo qué es el tiempo. No sé cual es su verdadera medida, si es que la tiene. La del reloj sé que es falsa, pues divide el tiempo espacialmente, por fuera. La de las emociones sé de sobra que es igualmente falsa, pues divide, no ya el tiempo, sino su sensación. La de los sueños es equivocada, pues en ellos rozamos el tiempo, una vez despaciosamente, otra vez deprisa, y lo que vivimos es apresurado o lento conforme a un discurrir cuya naturaleza ignoramos.
A veces doy en creer que todo es falso y que el tiempo no es más que un marco para encuadrar lo que le es extraño. En el recuerdo que guardo de mi vida pasada, los tiempos están dispuestos en niveles y planos absurdos, siendo yo más joven en ciertos episodios ocurridos a los quince años, que en otros de la infancia, mientras andaba jugando.
