Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Siento, al sentirla, una gran esperanza, pero reconozco que es una esperanza literaria. Mañana, primavera, esperanza —están ligadas en la música por una misma intención melódica, están ligadas al alma por una misma memoria de idéntica intención. No: cuando me observo a mà mismo como estoy observando la ciudad, reconozco que lo único que tengo que esperar es que el dÃa acabe, como todos los dÃas. La razón también ve la aurora. La esperanza que he puesto en este dÃa, si es que la hubo, no fue mÃa sino la de los hombres que viven las horas que pasan y a quienes he encarnado sin quererlo en la manera de entender en este momento.
¿Esperar? ¿Qué tengo yo que esperar? El dÃa no me promete más que el dÃa y sé que en él hay transcurso y fin. Me anima la luz, pero no me mejora, pues me iré de aquà tal como llegué —más viejo en horas, más alegre por una sensación, más triste por un pensamiento—. En lo que nace, tanto podemos sentir lo que nace, como lo que ha de morir. Ahora, a la luz amplia y alta, el paisaje de la ciudad es como un campo de casas —natural y extenso y combinado. Pero, incluso habiendo visto todo esto, ¿podrÃa olvidar que existo? Mi conciencia de la ciudad es, en mis adentros, la conciencia de mà mismo.