Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Es ley de vida que podemos y debemos aprender de toda la gente. Hay cosas serias en la vida que podemos aprender de charlatanes
o bandidos, hay filosofías administradas por estúpidos, lecciones de firmeza y ley que llegan al azar por gentes llegadas al azar. Todo está en todo.
En ciertos momentos muy claros de la meditación, como aquéllos en los que al principiar la tarde, yerro muy atento por entre las calles, cada persona me trae una noticia, cada casa una novedad, cada cartel supone un aviso para mí.
Mi callado paseo es una conversación continua y todos nosotros, hombres, piedras, carteles y cielo, formamos parte de una gran multitud amiga, acodándose de palabras en la gran procesión del Destino.
No sé cuántos habrán contemplado, con la mirada que se merece, una calle desierta llena de gente. Ya esta manera de decirlo parece querer decir otra cosa y, en efecto, la quiere decir. Una calle desierta no es una calle donde no pasa nadie, sino una calle donde los que pasan, pasan por ella como si estuviera desierta. No existe dificultad en comprender esto cuando ya se ha visto: una cebra es inconcebible para quien no conozca más que un burro.