Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Las sensaciones se ajustan en nuestro interior bajo ciertos grados y tipos de comprensión hacia ellas. Hay maneras de entender que conllevan maneras de ser entendidas.
Hay días que sube hasta mí, desde la tierra ajena a mi propia cabeza, un tedio, una tristeza, una angustia de vivir, que no me parece insoportable porque de hecho la soporto. Es un estrangulamiento de la vida en mí mismo, un deseo de ser otro en cada uno de los poros, una breve noticia del fin.
Lo que tengo es, sobre todo, cansancio, y todo ese desasosiego que es idéntico al cansancio, cuando ya no tiene otra razón de ser salvo la de estar siendo. Tengo un íntimo recelo sobre los gestos que debo hacer, una timidez intelectual sobre las palabras que decir. Todo me parece anticipadamente frustrado.
El tedio insoportable de todas estas caras, estúpidas por su inteligencia o por su falta de ella, grotescas hasta la náusea de felicidad o infelicidad, horrorosas de existir, marea separada de las cosas vivas que me son ajenas…
No es en los vastos campos ni en los grandes jardines donde veo llegar la primavera. Es en los pocos árboles de una plazoleta de la ciudad. Allí, el verdor destaca como una dádiva y es alegre como una buena tristeza.