Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Todos vivimos alejados y anónimos; disfrazados, sufrimos el ser desconocidos. A los unos, la distancia entre el ser y uno mismo no se les revela jamás; para los otros se ilumina de vez en cuando, con horror o aflicción, en un relámpago sin lÃmites; para los demás, sin embargo, es ésa la dolorosa constancia y cotidianidad de la vida.
Saber que quienes somos no está con nosotros, que lo que pensamos o sentimos es una simple traducción, que lo que queremos no lo quisimos, ni acaso lo haya querido nadie —saber todo esto a cada minuto, sentirlo a cada sentimiento, ¿no será ser ya un extranjero en la propia alma, exilado en las propias sensaciones?
Pero la máscara que, inmóvil, estuve observando, que hablaba en la esquina con un hombre sin máscara en esta noche de fin de carnaval, por fin ha extendido la mano y se ha despedido riendo. El hombre natural siguió por la izquierda, por la transversal en cuya esquina estaba. La máscara —antifaz sin gracia— caminó de frente, apartándose entre sombras y azares de luces, en una despedida definitiva y ajena a lo que yo estaba pensando. Sólo entonces me fijé que habÃa en la calle algo más que faroles encendidos y, turbado donde la luz no llegaba, vi una luna débil, oculta, muda, llena de nada, como la vida…