Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Mi humilde esfuerzo de al menos decir quién soy, de registrar, cual máquina de nervios, la impresiones mínimas de mi vida subjetiva y aguda, todo eso se me ha vaciado como un barreño donde tropezase, empapando la tierra como si fuera agua. Me he fabricado tintas falsas, terminé en un imperio de desván. El corazón, a quien he confiado los grandes acontecimientos de la prosa vivida, me parece hoy, escrito en la distancia de estas páginas releídas desde otro alma, una bomba de finca provincial, instalada por instinto y manipulada por obligación. He naufragado sin tormenta en un mar donde se puede estar de pie.
Y pregunto a lo que me resta de consciente en esta serie confusa de interregnos entre cosas inexistentes, de qué me ha servido rellenar tantas páginas de frases que creí mías, de emociones que sentí como pensadas, de banderas y pendones de unos ejércitos que son, al final, papeles pegados con saliva por la hija de un mendigo bajo los aleros.
Pregunto a lo que resta de mí que a qué vienen estas páginas inútiles, consagradas al despojo y al desvarío, perdidas antes de existir entre los papeles rasgados del Destino.