Libro del desasosiego
Libro del desasosiego En un tranvÃa en marcha sé, por una actitud constante e instantánea de análisis, separar la idea del vehÃculo de la de velocidad, separarlas de todo, hasta ser cosas reales pero distintas. Después puedo sentirme no dentro del aparato, sino dentro de su Velocidad-en-SÃ. Y, si fatigado, quisiera el delirio de la enorme velocidad, puedo llevar la idea hacia el Puro Imitar la velocidad a mi capricho, aumentándola o disminuyéndola, superando cualquier velocidad posible en un vehÃculo.
Correr riesgos reales, más allá de aterrorizarme —no es por miedo a sentir en exceso— altera la perfecta vigilia sobre mis sensaciones, todo lo cual me incomoda y me despersonaliza.
Nunca camino hacia el riesgo. Tengo miedo al hastÃo de los peligros.
Una puesta de sol es un fenómeno intelectual.
Aseguran que el tedio es una enfermedad de ociosos, o que ataca a quienes nada tienen que hacer. Pero este padecimiento del alma es más sutil: ataca a quienes tienen predisposición para ella, y se agarra menos a los que trabajan o fingen trabajar (lo que viene a ser lo mismo), que a los ociosos de verdad.
