Libro del desasosiego
Libro del desasosiego El día desvaído y leve se escalda húmedamente. A solas en la oficina, repaso mi vida, y lo que en ella veo es como el día que me aflige y oprime. Me veo como un niño contento por nada, como un adolescente aspirando a todo, como un adulto ya sin alegrías ni aspiraciones. Y todo el tiempo ha pasado en la morbidez y en el decaimiento, como este día me hace ver o recordar.
¿Cuál de los dos puede, deshaciendo el camino del que no se regresa, decir que lo ha seguido como tenía que hacerlo?
He pedido muy muy poco a la vida, pero lo poco que he pedido me lo ha negado. Una racha del sol, un campo cercano, un poco de sosiego junto a un trozo de pan, no dolerme mucho el saber que existo, y nada exigir a los demás ni que ellos me exijan nada a mí. Pero aun así, también eso me ha sido negado, como quien niega una limosna no por falta de buena voluntad, sino por no desabrocharse la chaqueta.
