Libro del desasosiego
Libro del desasosiego ¡Las flores, las flores que he vivido allá! Flores que la vista traducía en sus nombres, conociéndolas, y cuyo perfume acogía el alma, no por ellas sino por la melodía de sus nombres… Flores cuyos nombres eran repetidos secuencialmente, orquestas de perfumes sonoros… Árboles cuya verde voluptuosidad ponía sombra y frescor según fuesen llamados… Frutos cuyos nombres eran dentelladas en el alma de sus pulpas… Sombras que eran reliquias de un ayer feliz… Calveros, calveros que eran sonrisas más francas del paisaje que bostezaba a lo lejos… ¡Oh, horas multicolores! ¡Instantesflores, minutos-árboles, oh tiempo estancado en el espacio, tiempo muerto de espacio y cuajado de flores, y del perfume de las flores, y del perfume del nombre de las flores!…
¡Locura del sueño en aquel silencio ajeno!…
Nuestra vida era toda la vida… Nuestro amor era el perfume del amor… Vivíamos horas imposibles llenas de ser nosotros… Y esto porque sabíamos, con toda la carne de nuestra carne, que no éramos una realidad…
Impersonales, huecos de nosotros mismos, algo cualquiera… Éramos aquel paisaje esfumado en la consciencia de sí mismo… Y así como él era dos —su realidad y su ilusión—, así ambos éramos oscuramente dos, y ninguno de los dos sabría decir si el otro no era uno mismo, si el incierto otro viviría…