Poemas
Poemas Brincando y cantando y riendo
Y gozando nuestro secreto común
Que es el de saber en todas partes
Que no hay misterio en el mundo
Y que todo vale la pena.
El Niño Eterno me acompaña siempre.
La dirección de mi mirada es la que señala su dedo.
Mi oído atento alegremente a todos los sonidos
Son las cosquillas que él me hace en las orejas, jugando.
Nos llevamos tan bien uno con el otro
En compañía de todo
Que nunca pensamos uno en el otro,
Pero vivimos juntos siendo dos
En un íntimo acuerdo
Como la mano derecha y la izquierda.
Al anochecer jugamos a la matatena
En el escalón de la puerta de la casa,
Graves como conviene a un dios y a un poeta,
Y como si cada piedra
Fuese todo un universo
Y fuese por eso un gran peligro para ella
Dejarla caer al suelo.