Acto seguido se trajeron unas ánforas de vidrio cuidadosamente 6 selladas y en cuyo cuello había un rótulo con esta inscripción: «FALERNO OPIMIO, CENTENARIO[13]». Mientras leemos los letreros, Trimalción, dando unas 7 palmadas, dice: «¡Ay! El vino vive bastante más que la pobre criatura humana. Bebamos, pues. El vino es vida. Y lo que os sirvo es auténtico Opimio. Ayer no saqué un vino tan selecto, y eso que mis invitados eran de bastante más categoría.» Mientras bebíamos, pues, 8 y nos extasiábamos ante tales magnificencias, un esclavo trajo un esqueleto de plata[14], tan bien armado, que sus articulaciones y vértebras móviles podían girar 9 en cualquier dirección. Después de dejar caer este esqueleto varias veces sobre la mesa y hacerle tomar varias actitudes gracias a sus articulaciones movibles, Trimalción añadió:
10 «¡Ay! ¡Pobres de nosotros! ¡Qué poquita cosa es el hombre! ¡He aquí en qué pararemos todos nosotros cuando el Orco se nos lleve! ¡A vivir, pues, mientras tengamos salud!»