Blade Runner. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
Blade Runner. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Iran, percibiendo la fractura en su esposo, lo programa con una emoción reconfortante. Pero Rick no quiere consuelo artificial. Ha tocado el borde de algo que no se puede simular: la verdad.
Mientras tanto, en el apartamento de Isidore, el eco de los androides muertos aún resuena. El joven especial, cuya mente había encontrado una tenue compañía en los Nexus-6, ahora se enfrenta a un nuevo tipo de vacío. No solo físico, sino emocional. Ha visto morir lo que creía diferente pero válido, y eso lo rompe. En su desesperación, intenta resucitar un animal muerto mediante una caja empática, sin éxito. Ni siquiera Mercer responde.
—Están todos muertos —murmura—. Hasta los sueños.
La historia da un giro final cuando Rachael reaparece. Viaja en secreto hasta el edificio de Rick. En un acto de traición silenciosa, empuja a la oveja eléctrica desde la azotea, dejándola hecha trizas sobre el cemento. No hay palabras, ni rabia. Solo un gesto que grita: "Te quité lo único que fingías amar".
Pero Rick no se enfurece. Lo acepta. Porque entiende que ese gesto no fue odio, sino un acto desesperado de reivindicación. Rachael, máquina o no, también siente.