Blade Runner. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
Blade Runner. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? —¿Te has enamorado de un androide alguna vez, Rick?
La pregunta lo atraviesa como un cuchillo. Luba, aunque sabe su destino, intenta vivir. Lo manipula, llama a la policía... y Rick es arrestado. Pero el edificio policial al que lo llevan no existe en sus mapas. Un lugar fuera de lugar. Un universo alternativo donde todos los cazadores son sospechosos, y los androides, autoridad.
Allí conoce al misterioso inspector Garland, que resulta ser un andrillo. Todo ha sido una trampa. Pero Rick no está solo: otro agente, Phil Resch, lo ayuda a escapar. Ambos matan a Garland. Pero Rick duda de Resch.
—¿Y si tú también eres un androide?
La paranoia crece. Deckard se ha adentrado en un laberinto donde las identidades se evaporan, y la empatía, esa línea sagrada, se vuelve una sombra confusa.
Tras muchas vueltas, Rick y Resch encuentran de nuevo a Luba Luft. La matan. Pero algo se rompe.
—Era más humana que muchos humanos —dice Rick, y por primera vez se siente sucio.
No por haber fallado. Sino por haber tenido éxito.
Rick Deckard regresa a casa, pero el peso de Luba Luft no se disipa. Sus manos aún tiemblan, no por el peligro, sino por la culpa. Iran lo nota.
