Blade Runner. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
Blade Runner. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? El edificio de la Rosen es un palacio de cristal, lleno de tecnología impecable y sonrisas artificiales. Allí lo recibe Rachael Rosen, joven, hermosa y sospechosamente perfecta. Rick sospecha que podría ser un androide. La somete al test Voigt-Kampff, que mide reacciones emocionales. Las preguntas se acumulan. Las respuestas, frías.
—¿Sabe lo que siente una langosta cuando la hierven viva?
Rachael titubea. Finalmente, la verdad: es una Nexus-6. Pero la familia Rosen intenta convencer a Rick de que el test es defectuoso. ¿Y si los Nexus-6 ya han cruzado la frontera definitiva? ¿Y si ya no hay manera de saber?
Deckard abandona el edificio con el alma agrietada. Su herramienta más confiable, el test, ha mostrado grietas. La cacería comienza con una pregunta venenosa: ¿y si se equivoca?
Su primer objetivo es Polokov, uno de los androides camuflados como trabajadores. Pero el enemigo lo ha estado siguiendo. Polokov lo ataca directamente, en plena calle. Rick reacciona por instinto: dispara y lo elimina. No hay triunfo, solo una descarga de vacío. Un cuerpo metálico que finge sangre. Una vida que no lo era.
Luego sigue a otro: Luba Luft, una cantante de ópera. Es hermosa, refinada, encantadora. Hablan en el camerino.
