Blade Runner. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
Blade Runner. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Retoma la caza. Quedan tres. Están escondidos en el edificio donde vive J.R. Isidore. Él ha acogido a Pris, una réplica de Rachael, y a los otros dos androides: Roy y Irmgard Baty. Isidore, ingenuo, cree que ha encontrado compañía. No entiende que está en el centro de la tormenta.
Mientras tanto, Rick, solo, se enfrenta a la inmensidad de su misión. Sabe que debe matar a seres que ya no puede odiar. Su brújula moral gira sin control. Solo una cosa lo mantiene en pie: la necesidad de terminar. De entender.
—Quiero saber quién soy —dice, más para sí mismo que para alguien más.
Y lo que descubre al mirar a Rachael... es que ella también quiere saber.
Rick sube al edificio abandonado donde los tres últimos Nexus-6 se ocultan. Lo hace en silencio, pero no con seguridad. Lleva la duda metida en el pecho, latiendo con fuerza.
En el interior, J.R. Isidore intenta mantener la armonía. No comprende del todo que sus nuevos huéspedes no son humanos. Para él, Pris, Roy e Irmgard son simplemente diferentes. Peculiares, sí, pero no amenazas. Los admira, incluso. Les muestra su colección de objetos reparados, habla del mercerismo, de la empatía, del silencio abrumador del mundo.
