Cármides
Cármides —El mismo razonamiento puede hacerse con ocasión de nuestras palabras mágicas. Yo las aprendà allá en el ejército de uno de estos médicos tráceos, discÃpulos de Zamolxis, que pasan por tener el poder de hacer a los hombres inmortales. Este tráceo declaraba que los médicos griegos tienen cien veces razón para hablar, como yo les hice hablar antes; pero añadÃa: «Zamolxis, nuestro rey, y por añadidura un Dios, pretende que si no debe emprenderse la cura de los ojos sin la cabeza, ni la cabeza sin el cuerpo, tampoco debe tratarse del cuerpo sin el alma; y que si muchas enfermedades se resisten a los esfuerzos de los médicos griegos, procede de que desconocen el todo, del que por el contrario debe tenerse el mayor cuidado; porque yendo mal el todo, es imposible que la parte vaya bien.» Del alma, decÃa este médico, parten todos los males y todos los bienes del cuerpo y del hombre en general, e influye sobre todo lo demás, como la cabeza sobre los ojos. El alma es la que debe ocupar nuestros primeros cuidados, y los más asiduos, si queremos que la cabeza y el cuerpo entero estén en buen estado.