Cármides
Cármides —Perfectamente, repliqué yo; seré más libre para explicar en qué consisten estas palabras mágicas, porque no sabÃa cómo hacerte comprender su virtud. Es tal su poder, que no curan sólo los males de cabeza. Quizá has oÃdo hablar de médicos hábiles. Si se les consulta sobre males de ojos, dicen que no pueden emprender sólo la cura de ojos, y que para curarlos tienen que extender su tratamiento a la cabeza entera; en igual forma imaginar que se puede curar la cabeza sola despreciando el resto del cuerpo, es una necedad. Razonando de esta manera, tratan el cuerpo entero y se esfuerzan en cuidar y sanar la parte con el todo. ¿No crees tú que es asà como hablan y como pasan las cosas?
—Es verdad, respondió.
—¿Y tú apruebas esta manera de hablar y razonar?
—No puedo menos, dijo.
Viendo a Carmides de acuerdo conmigo, más animado, poco a poco recobré mi serenidad y advertà que rehacÃa mis fuerzas. Entonces le dije: