Cármides
Cármides —Que la naturaleza, repliqué yo, le haya tratado con la misma generosidad respecto del alma; y creo que asà sucederá, puesto que este joven es de tu familia.
—Pues tiene un alma muy bella y muy buena, me respondió.
—¿Y por qué, repliqué yo, no pondremos primero en evidencia su alma, y no la contemplaremos antes que su cuerpo? En la edad en que se halla, ¿está en posición de sostener dignamente una conversación?
—Perfectamente, dijo Critias, porque ha nacido filósofo; y si hemos de creer a él y a todos los demás, es también poeta.
—Talento que os es hereditario, mi querido Critias, y que lo debéis a vuestro parentesco con Solón. ¿Pero qué esperas para darme a conocer a este joven y llamarle aquÃ? Aun cuando fuese más joven, ningún inconveniente tendrÃa en conversar con nosotros delante de ti, su primo y tutor.
—Lo que dices es muy justo; vamos a llamarle.
Dirigiéndose al mismo tiempo hacia un sirviente:
—Esclavo, dijo, llama a Carmides, y dile que quiero que consulte con un médico sobre la indisposición de que me habló estos dÃas.
Y dirigiéndose a mÃ:
—Hace algún tiempo, dijo, que tiene la cabeza pesada al levantarse de la cama. ¿Qué inconveniente hay en indicar que conoces un remedio a los males de cabeza?
