Dialogos I
Dialogos I —Sócrates —dijo—, ¿estás despierto, o duermes?
Al reconocer su voz, contesté:
—¿Hipócrates es el que está ah� ¿Es que nos anuncias algún nuevo suceso?
—Nada —contestó—que no sea bueno.
—Puedes decirlo entonces. ¿Qué hay para que hayas venido a esta hora?
—Protágoras —dijo, colocándose a mi lado— está aquÃ.
—Desde anteayer —le dije yo—. ¿Acabas de enterarte ahora?
—Por los dioses —dijo—, ayer noche. Y tanteando la cama se csentó junto a mis pies, y continuó: Ya de noche, desde luego muy tarde, al llegar de Enoe.[4] Mi esclavo Sátiro se habÃa fugado. VenÃa entonces a decirte que iba a perseguirlo, cuando me olvidé por algún motivo. Cuando regresé y, después de haber cenado, nos Ãbamos a descansar, en ese momento mi hermano me dice que Protágoras estaba aquÃ. TodavÃa intenté en aquel instante venir a tu casa; luego, me pareció que la noche estaba demasiado avanzada. Pero, en cuanto del sueño me ha librado de la fatiga, apenas me he levantado, me trasladé aquÃ.
»Como yo me daba cuenta de su energÃa y su apasionamiento, le dije: