Dialogos I
Dialogos I —¿Qué te pasa? ¿Es que te debe algo Protágoras?
Él sonrió y dijo:
—¡Por los dioses!, Sócrates, sólo en cuanto que él es sabio, y a mà no me lo hace.
—Pues bien, ¡por Zeus!, si le das dinero y lo convences, también a ti te hará sabio.
—¡Ojalá —dijo—, Zeus y dioses, sucediera asÃ! No escatimarÃa enada de lo mÃo ni de lo de mis amigos. Pero por eso mismo vengo a verte, para que le hables de mÃ. Yo, por una parte, soy demasiado joven y, por otra, tampoco he visto nunca a Protágoras ni le he oÃdo jamás. Era un niño cuando él vino aquà en su viaje anterior.[5] Sin embargo, Sócrates, todos elogian a ese hombre y dicen que es sapientÃsimo. Pero ¿por qué no vamos adonde se aloja, para encontrarle 311adentro? Descansa, según he oÃdo, en casa de Calias el hijo de Hipónico. Vamos ya.
—No vayamos todavÃa allÃ, amigo mÃo —le dije yo—, que es temprano; pero salgamos aquà al patio, y dando vueltas de acá para allá, hagamos tiempo charlando hasta que haya luz. Luego, iremos. Casi todo el tiempo lo pasa Protágoras en la casa, de modo que, ten confianza, lo encontraremos, según lo más probable, dentro.