Dialogos III
Dialogos III —Asà es —contestó.
—¡Vaya, pues! —dijo Sócrates—. Lo de ArmonÃa, la tebana[79], se nos hizo propicio, según parece, atinadamente. ¿Qué pasará ahora con Cadmo, Cebes? ¿Cómo nos lo propiciaremos y con qué argumento?
—Me parece que tú lo encontrarás —dijo Cebes—. Que este razonamiento acerca de la armonÃa lo has expuesto, a mi parecer, de modo sorprendente. Pues al decir Simmias en qué tenÃa dificultades, me preguntaba muy a fondo si alguien podrÃa manejar algo contra su argumento. bMuy sorprendente, pues, me pareció en seguida que no resistiera el primer embate de tu razonamiento. No me sorprenderÃa ya que también al argumento de Cadmo le pasara lo mismo.