Dialogos III
Dialogos III —Eso es, pues, lo que decÃa yo que definiéramos. Qué clase de cosas son las que, no siendo contrarias a algo, sin embargo no aceptan esa cualidad contraria. Por ejemplo, en este caso, el tres que no es contrario de lo par, de ningún modo lo acepta, pues lleva en sà siempre lo contrario a éste, y el dos igual frente a lo impar, y el fuego frente a lo frÃo, y asà otros muy numerosos ejemplos. Conque mira si lo defines de este 105amodo: que no sólo el contrario no acepta a su contrario, sino tampoco aquello que conlleva en sà algo contrario a eso en lo que la idea en sà se presenta, eso que la conlleva jamás acepta la idea contraria de la que está implicada en él. Recuérdalo otra vez, pues no es muy malo oÃrlo repetidamente. El cinco no aceptará la cualidad de lo par, ni su doble, el diez, la de lo impar. Asà que éste, contrario él a otra cosa, sin embargo bno aceptará la cualidad de lo impar. Ni tampoco el uno y medio, y las demás fracciones por el estilo, el medio, el tercio, y todas las demás fracciones, la de lo entero, si es que me sigues y estás de acuerdo conmigo en ello.
—Desde luego que te sigo y estoy de acuerdo —contestó.