Dialogos III
Dialogos III «La época de la palabra hablada acaba en Grecia con Tucídides, que reprocha a su predecesor Heródoto la búsqueda del éxito entre sus oyentes. En el campo de la filosofía tiene también lugar, con Aristóteles, un cambio decisivo. Platón llama a su discípulo, con marcada ironía por su saber de libros, anagnóstes, el ‘lector’»[10].
Al final del diálogo aparece de nuevo el «escrito» de Lisias, con el que inició la conversación, y que ofrece una prueba más de la coherencia de la dialéctica platónica. Lisias ha de probar con su palabra viva «lo pobre que quedan las letras» (278c). Con ello se inventará la hermenéutica, la teoría de esos «padres» que tienen, en cada momento, que engendrar la semilla, que es saber vivo y por la que la palabra y el hombre en ella, logra la mejor forma de inmortalidad.
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