Dialogos III
Dialogos III SÓCRATES, FEDRO
SÓCRATES —Mi querido Fedro, ¿adónde te diriges ahora y de dónde 227avienes?
FEDRO —De con Lisias[1], Sócrates, el de Céfalo[2], y me voy fuera de las murallas, a dar una vuelta. Porque me he entretenido allà mucho tiempo, sentado desde temprano. Persuadido, además, por Acúmeno[3], compañero tuyo y mÃo, voy a dar un paseo por los caminos, ya que, afirma, es más descansado que andar por los lugares públicos.b
SÓC. —Y bien dice, compañero. Por cierto que, según veo, estaba Lisias en la ciudad.
FED. —Sà que estaba, y con EpÃcrates[4], en esa casa vecina al templo de Zeus, en ésa de Mórico[5].
SÓC. —¿Y de qué habéis tratado? Porque seguro que Lisias os regaló con su palabra.
FED. —Lo sabrás, si tienes un rato para escucharme mientras paseamos.
SÓC. —¿Cómo no? ¿Crees que iba yo a tener por ocupación «un quehacer mejor», por decirlo como PÃndaro[6], que oÃr de qué estuvisteis hablando tú y Lisias?
cFED. —Adelante, pues.
SÓC. —¿Me contarás?