Dialogos III
Dialogos III FED. —Y es que, además, Sócrates, te interesa lo que vas a oÃr. Porque el asunto sobre el que departÃamos, era un si es no es erótico. Efectivamente, Lisias ha compuesto un escrito sobre uno de nuestros bellos, requerido no precisamente por quien lo ama, y en esto residÃa la gracia del asunto. Porque dice que hay que complacer a quien no ama, más que a quien ama.
SÓC. —¡Qué generoso! TendrÃa que haber añadido: y al pobre dmás que al rico y al viejo más que al joven, y, en fin, a todo aquello que me va más bien a mà y a muchos de nosotros. Porque asà los discursos serÃan, al par que divertidos, provechosos para la gente. Pero, sea como sea, he deseado tanto escucharte, que, aunque caminando te llegases a Megara[7] y, según recomienda Heródico[8], cuando hubieras alcanzado la muralla, te volvieses de nuevo, seguro que no me quedarÃa rezagado.
FED. —¿Cómo dices, mi buen Sócrates? ¿Crees que yo, de todo lo 228aque con tiempo y sosiego compuso Lisias, el más hábil de los que ahora escriben, siendo como soy profano en estas cosas, me voy a acordar de una manera digna de él? Mucho me falta para ello. Y eso que me gustarÃa más que llegar a ser rico.