Dialogos III
Dialogos III —¡Sépalo Zeus[17]!
—Pues sà que puede parecer —dijo Sócrates— que asà es absurdo. bPero no lo es, sino que, probablemente, tiene una explicación. El dicho que sobre esto se declara en los misterios[18], de que los humanos estamos en una especie de prisión y que no debe uno liberarse a sà mismo ni escapar de ésta, me parece un aserto solemne y difÃcil de comprender. No obstante, me parece que, a mà al menos, Cebes, que no dice sino bien esto: que los dioses son los que cuidan de nosotros y que nosotros, los humanos, somos una posesión de los dioses. ¿O no te parece a ti asÃ?
—A mà sà —dijo Cebes.
—Asà pues —dijo él—, ¿también tú si alguno de los seres de tu cpropiedad se diera muerte a sà mismo, sin haberlo indicado tú que deseas que esté muerto, te irritarÃas con él, y, si pudieras darle algún castigo, se lo aplicarÃas como pena?
—Desde luego.
—Tal vez, entonces, desde ese punto de vista, no es absurdo que uno no deba darse muerte a sà mismo, hasta que el dios no envÃe una ocasión forzosa, como esta que ahora se nos presenta[19].