Dialogos III
Dialogos III —Claro que yo hablo también de oÃdas sobre esas cosas. Pero lo eque he oÃdo no tengo ningún reparo en decirlo. Además, tal vez es de lo más conveniente para quien va a emigrar hacia allà ponerse a examinar y a relatar mitos[16] acerca del viaje hacia ese lugar, de qué clase suponemos que es. Pues, ¿qué otra cosa podrÃa hacer uno en el tiempo que queda hasta la puesta del sol?
—¿Con qué fundamento, pues, afirman que no es lÃcito matarse a sà mismo, Sócrates? Pues yo, justo lo que tú decÃas hace un momento, ya se lo habÃa oÃdo a Filolao, cuando convivÃa con nosotros, y también otras veces a algunos otros, que no se debe hacer eso. Pero nada preciso he escuchado nunca acerca de esos asuntos.
62a—Bueno, hay que tener confianza —dijo—. Pues tal vez en seguida vas a oÃrlo. Quizá, sin embargo, te parecerá extraño que este asunto frente a todos los demás sea simple, y que nunca le ocurra al hombre, como sucede con los demás seres, que se encuentre en ocasiones en que también a él le sea mejor estar muerto que vivir, y en los casos en que le es mejor estar muerto, quizá te parezca extraño que a esos hombres les sea impÃo darse muerte a sà mismos, sino que deban aguardar a otro benefactor.
Entonces Cebes, sonriendo ligeramente, dijo expresándose en su dialecto: