Dialogos III
Dialogos III —¡Vamos, pues! —dijo él—. Trataré de hacer mi apologÃa ante vosotros más persuasivamente que ante los jueces. En efecto, yo —dijo—, Simmias y Cebes, si no creyera que voy a presentarme, en primer lugar, ante otros dioses sabios y buenos, y, luego, ante personas ya fallecidas mejores que las de acá, cometerÃa una injusticia no irritándome de mi muerte. Pero sabed bien ahora que espero llegar junto ca hombres buenos, y eso no lo asegurarÃa del todo; pero que llegaré junto a los dioses, amos muy excelentes, sabed bien que yo lo afirmarÃa por encima de cualquier otra cosa. De modo que por eso no me irrito en tal manera, sino que estoy bien esperanzado de que hay algo para los muertos, y que es, como se dice desde antiguo, mucho mejor para los buenos que para los malos.
—¿Cómo, Sócrates? —dijo Simmias—. Y tú guardándote esa idea en tu mente, ¿vas a marcharte, o nos la puedes comunicar también a nosotros? Porque me parece a mà que ése podrÃa ser un bien dcomún, y a la vez te servirá de apologÃa, si es que nos convences de lo que dices.
—Bueno, lo intentaré —aceptó—. Pero veamos primero qué es lo que aquÃ, Critón pretende decirnos, me parece, desde hace un rato.