Dialogos III
Dialogos III —Es que de los dos procesos generativos a este respecto, al menos uno resulta evidente. Pues el morir, sin duda, es evidente, ¿o no?
—En efecto, asà es —respondió.
—¿Cómo, pues —dijo él—, haremos? ¿No admitiremos el proceso genético contrario, sino que de ese modo quedará coja la naturaleza? ¿O es necesario conceder al morir algún proceso generativo opuesto?
—Totalmente necesario —contestó.
—¿Cuál es ése?
—El revivir.
—Por lo tanto —dijo él—, si existe el revivir, ¿ése serÃa el proceso 72agenerativo desde los muertos hacia los vivos, el revivir?
—SÃ, en efecto.
—Asà que hemos reconocido que de ese modo los vivos han nacido de los muertos no menos que los muertos de los vivos, y siendo eso asà parece haber un testimonio suficiente, sin duda, de que es necesario que las almas de los muertos existan en algún lugar, de donde luego nazcan de nuevo.
—A mà me parece —contestó—, Sócrates, que, según lo que hemos acordado, es necesario que sea asÃ.