Dialogos III
Dialogos III —Se fundan en un argumento espléndido —dijo Cebes—, según el cual, al ser interrogados los individuos, si uno los interroga correctamente, ellos declaran todo de acuerdo a lo real[43]. Y, ciertamente, si no se diera en ellos una ciencia existente y un entendimiento correcto, bserÃan incapaces de hacerlo. Luego, si uno los pone frente a los dibujos geométricos o a alguna otra representación similar, entonces se demuestra de manera clarÃsima que asà es.
—Y si no te convences, Simmias, con esto —dijo Sócrates—, examÃnalo del modo siguiente, y al examinarlo asà vas a concordar con nosotros. DesconfÃas, pues, de que en algún modo el llamado aprendizaje es una reminiscencia.
—No es que yo —dijo Simmias— desconfÃe, sino que solicito experimentar eso mismo de lo que ahora se trata: que se me haga recordar. Si bien con lo que Cebes intentó exponer casi ya lo tengo recordado y me convenzo, sin embargo en nada menos me gustarÃa ahora oÃrte de qué modo tú planteas la cuestión.
—Yo, del modo siguiente —repuso—. Reconocemos, sin duda, que csiempre que uno recuerda algo es preciso que eso lo supiera ya antes.
—Desde luego —dijo.