Dialogos III
Dialogos III —¿Acaso reconocemos también esto, que cuando un conocimiento se presenta de un cierto modo es una reminiscencia? Me refiero a un caso como el siguiente: si uno al ver algo determinado, o al oírlo o al captar alguna otra sensación, no sólo conoce aquello, sino, además, intuye otra cosa de la que no informa el mismo conocimiento, sino otro, ¿no diremos justamente que la ha recordado, a esa de la que ha tenido una intuición[44]?d
—¿Cómo dices?
—Por ejemplo, tomemos lo siguiente: ciertamente es distinto el conocimiento de un ser humano y el de una lira.
—¿Cómo no?
—Desde luego sabes que los amantes, cuando ven una lira o un manto o cualquier otro objeto que acostumbra utilizar su amado, tienen esa experiencia. Reconocen la lira y, al tiempo, captan en su imaginación la figura del muchacho al que pertenece la lira. Eso es una reminiscencia. De igual modo, al ver uno a Simmias a menudo se acuerda de Cebes, y podrían darse, sin duda, otros mil ejemplos.
—Mil, desde luego, ¡por Zeus! —dijo Simmias.
—Por tanto —dijo él—, ¿no es algo semejante una reminiscencia? e¿Y en especial cuando uno lo experimenta con referencia a aquellos objetos que, por el paso del tiempo o al perderlos de vista, ya los había tenido en el olvido?