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A continuación -siguió contándome Aristodemo-, después que Sócrates se hubo reclinado y comieron él y los demás, hicieron libaciones y, tras haber cantado a la divinidad y haber hecho las otras cosas de costumbre, se dedicaron a la bebida.
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Entonces, Pausanias empezó a hablar en los siguientes términos:
- Bien, señores, ¿de qué manera beberemos con mayor comodidad? En lo que a mí se refiere, les puedo decir que me encuentro francamente muy mal por la bebida de ayer y necesito un respiro. Y pienso que del mismo modo la mayoría de ustedes, ya que ayer estuvieron también presentes. Miren, pues, de qué manera podríamos beber lo más cómodo posible.
- Ésa es, dijo entonces Aristófanes, una buena idea, Pausanias, la de asegurarnos por todos los medios un cierto placer para nuestra bebida, ya que también yo soy de los que ayer estuvieron hechos una sopa.
Al oírles, Erixímaco, el hijo de Acúmeno, intervino diciendo: -Dicen bien en verdad, pero todavía necesito oír de uno de ustedes en qué grado de fortaleza se encuentra Agatón para beber.
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