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- En ninguno -respondió éste-; tampoco yo me siento fuerte.
- SerÃa un regalo de Hermes
[13], según parece, para nosotros-continuó ErixÃmaco-, no sólo para mà y para Aristodemo, sino también para Fedro y para éstos, el que ustedes, los más fuertes en beber, renuncien ahora, pues en verdad, nosotros siempre somos flojos. Hago, en cambio, una excepción de Sócrates, ya que es capaz de ambas cosas (15), de modo que le dará lo mismo cualquiera de las dos que hagamos. En consecuencia, dado que me parece que ninguno de los presentes está resuelto a beber mucho vino, tal vez yo les resulte menos desagradable si les digo la verdad sobre qué cosa es el embriagarse. En mi opinión, creo, en efecto, que está perfectamente comprobado por la medicina que la embriaguez es una cosa nociva para los hombres. Asà que, ni yo mismo quisiera de buen grado beber demasiado, ni se lo aconsejarÃa a otro, sobre todo cuando uno tiene todavÃa resaca del dÃa anterior.
- En realidad -me contó Aristodemo que dijo Fedro, natural de Mirrinunte-, yo, por mi parte, te suelo obedecer, especialmente en las cosas que dices sobre medicina; pero ahora, si deliberan bien, te obedecerán también los demás.
Al oÃr esto, todos estuvieron de acuerdo en celebrar la reunión presente, no para embriagarse, sino simplemente bebiendo al gusto de cada uno.
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