Eutidemo
Eutidemo —¿No son los maestros los que enseñan? ¿No eran el tocador de laúd y el gramático tus maestros y tú y tus compañeros sus discÃpulos?
Convino en ello.
—Pero cuando aprendÃais, ¿no sabÃais aún las cosas que aprendÃais?
—No, sin duda.
—Luego, no erais sabios cuando ignorabais estas cosas.
—Asà es.
—Puesto que no erais sabios, precisamente erais ignorantes.
—Es cierto.
—Luego cuando aprendÃais las cosas que no sabÃais, las aprendÃais siendo ignorantes.
Clinias convino en ello.
—Luego son los ignorantes los que aprenden, Clinias, y no los sabios, como decÃas antes.
Entonces todos los partidarios de Eutidemo y de Dionisodoro, como de concierto, rompieron en grandes carcajadas y en aplausos. Dionisodoro, sin dar tiempo a Clinias para respirar, tomando la palabra, le dijo:
—¿Pero, Clinias, cuando vuestro maestro recita alguna cosa, cómo son los que aprenden aquello que él recita? ¿Son sabios o ignorantes?
—Sabios.