Eutidemo
Eutidemo —Luego son los sabios los que aprenden y no los ignorantes, y por lo tanto, no has respondido bien a Eutidemo.
Al oÃr esto se oyeron nuevas carcajadas y nuevos aplausos de los admiradores de la sabidurÃa de Eutidemo y de Dionisodoro. Nosotros, sorprendidos, permanecimos en silencio. Eutidemo, viendo nuestro asombro, para darnos aún mayor prueba de su sabidurÃa, arremete de nuevo contra el joven, y le pregunta dando otra dirección al mismo asunto, a manera de hábil bailarÃn que gira dos veces sobre un mismo punto:
—Los que aprenden, ¿aprenden lo que saben o lo que no saben?
En este momento, Dionisodoro me dijo al oÃdo: aquà va a caer la primera vez.
—¡Por Zeus! —le respond×, la primera polémica me ha parecido maravillosa.
—Todas nuestras preguntas son de la misma naturaleza, añadió él; no es posible desenredarse de ellas.
—He ahÃ, le repliqué, lo que os da tanta autoridad entre vuestros discÃpulos.
Clinias habÃa respondido ya a Eutidemo, que los que aprendÃan, aprendÃan lo que no sabÃan.
Eutidemo dirigió a Clinias las preguntas de siempre:
—¿Sabes las letras? —le dijo.
—SÃ.