Gorgias
Gorgias SÓCRATES. —¡Por Juno! Me admiran tus respuestas; no es posible darlas más lacónicas.
GORGIAS. —Me creo, Sócrates, hábil en este género.
SÓCRATES. —Con razón lo dices. Respóndeme, te lo suplico, del mismo modo respecto de la Retórica, y dime cuál es su objeto.
GORGIAS. —Los discursos.
SÓCRATES. —¿Qué discursos, Gorgias? ¿Los que tienen por oficio explicar a los enfermos el régimen que deben observar para restablecerse?
GORGIAS. —No.
SÓCRATES. —La Retórica, ¿no tiene por objeto toda especie de discursos?
GORGIAS. —No, sin duda.
SÓCRATES. —Sin embargo, ella enseña a hablar.
GORGIAS. —Sí.
SÓCRATES. —Pero la Retórica, ¿no enseña igualmente a pensar sobre los mismos objetos, sobre que enseña a hablar?
GORGIAS. —Sí.
SÓCRATES. —Pero la medicina, que acabamos de poner por ejemplo, ¿no nos pone en estado de pensar y hablar acerca de los enfermos?
GORGIAS. —Necesariamente.
SÓCRATES. —Según eso la medicina, al parecer, tiene también por objeto los discursos.