Gorgias
Gorgias SÓCRATES. —Sin embargo, salva a los hombres de la muerte, cuando se encuentra en circunstancias, en que hay necesidad de acudir a este arte. Pero si este te parece despreciable, voy a citarte otro más importante: el arte de dirigir las naves, que no sólo salva las almas sino también los cuerpos y los bienes de los mayores peligros, como la Retórica. Este arte es modesto y nada pomposo; no presume ni hace ostentación de producir efectos maravillosos; y aunque nos proporciona las mismas ventajas que el arte oratorio, no exige, según creo, más que dos óbolos por traernos sanos y salvos desde Egina a aquÃ; y si es desde Egipto o desde el Ponto, por un beneficio tan grande y por haber conservado todo lo que acabo de decir, nuestra persona y nuestros bienes, nuestros hijos y nuestras mujeres, no nos exige más que dos dracmas después de ponernos en tierra en el puerto. En cuanto a la persona que poseé este arte, y que nos ha hecho un servicio tan grande, después que desembarca, se pasea con aire modesto a lo largo de la ribera y de su buque; porque se dice a sà mismo, a lo que yo imagino, que no sabe a qué pasajeros ha hecho bien impidiendo que se sumergieran en el agua, y a quiénes ha hecho mal, sabiendo bien como sabe que ellos no han salido de su buque mejores que entraron, ni respecto del cuerpo ni respecto del alma. El razona de esta manera: si alguno, cuyo cuerpo esté atacado de enfermedades graves e incurables, no se ha ahogado en el agua, es una desgracia para él el no haberse muerto, y no me debe ninguna consideración. Y si alguno tiene en su alma, que es mucho más preciosa que su cuerpo, una multitud de males incurables, ¿es un bien para él vivir y se hace un servicio a un hombre de esta clase, salvándole del mar, o de las manos de la justicia o de cualquier otro peligro? Por el contrario, el piloto sabe que no es ventajoso para el hombre malo el vivir, porque necesariamente ha de vivir desgraciado.