Gorgias
Gorgias SÓCRATES. —No es por espíritu de disputa el interrogarte, sino por el sincero deseo de saber cómo crees que debe uno conducirse entre nosotros en el manejo de la administración pública; y si, al mezclarte en los negocios del Estado, no te propones otro objeto que hacernos a todos perfectos ciudadanos. ¿No hemos convenido repetidas veces en que tal debe ser el objeto de la política? ¿Estamos en esto de acuerdo, sí o no? Responde. Estamos de acuerdo, ya que es preciso que yo responda por ti. Sí, pues, tal es la ventaja, que el hombre de bien debe tratar de proporcionar a su patria, reflexiona un poco, y dime si te parece aún que esos personajes, de que hablabas antes, Pericles, Cimón, Milciades y Temístocles, han sido buenos ciudadanos.
CALICLES. —Sin duda.
SÓCRATES. —Si han sido buenos ciudadanos, es claro y es consiguiente que han hecho a sus compatriotas mejores de peores que eran antes. ¿Los han hecho, sí o no?
CALICLES. —Los han hecho.
SÓCRATES. —Cuando Pericles comenzó a hablar en público, ¿los atenienses eran más malos, que cuando les arengó la última vez?
CALICLES. —Quizá.
SÓCRATES. —No hay que decir quizá, amigo mío; esto es consecuencia necesaria de las premisas admitidas, si es cierto que Pericles fue un buen ciudadano.