Gorgias
Gorgias SÓCRATES. —Pienso que me consagro a la verdadera polÃtica con un pequeño número de atenienses, (por no decir que me consagro yo solo) y que hoy sólo yo lleno los deberes de un hombre de Estado. Como no trato en manera alguna de adular a aquellos con quienes converso todos los dÃas; como me fijo en lo más útil y no en lo más agradable, y no quiero hacer todas esas preciosas cosas que me aconsejas, no sabrÃa qué decir cuando me encontrase delante de los jueces, y lo que yo decÃa a Pólux viene aquà muy a cuento: seré juzgado como lo serÃa un médico acusado delante de niños por un cocinero. Examina, en efecto, lo que un médico, en medio de semejantes jueces, tendrÃa que decir en su defensa, si se le acusaba en estos términos: «Jóvenes, este hombre os ha hecho mucho mal; os pierde a vosotros y a los que son más jóvenes que vosotros; os hace desesperar, cortando, quemándoos, debilitándoos y sofocándoos; os da bebidas muy amargas, y os hace morir de hambre y de sed; no os sirve, como yo, alimentos de todas clases en gran cantidad y agradables al paladar». ¿Qué piensas que dirÃa el médico en semejante aprieto? Responderá lo que es cierto: «Jóvenes, yo no he hecho todo eso sino para conservaros la salud». ¿No crees tú que tales jueces prorrumpirÃan en exclamaciones con semejante respuesta?; con todas sus fuerzas, ¿no es asÃ?
CALICLES. —Debe creerse.