Gorgias
Gorgias SÓCRATES. —Por lo tanto, es necesario que el orador sea justo, y que el hombre justo quiera hacer acciones justas.
GORGIAS. —Por lo menos asà parece.
SÓCRATES. —El hombre justo no querrá nunca cometer una injusticia.
GORGIAS. —Es una conclusión precisa.
SÓCRATES. —¿No se sigue necesariamente de lo dicho que el orador es justo?
GORGIAS. —SÃ.
SÓCRATES. —Por consiguiente, jamás querrá el orador cometer una injusticia.
GORGIAS. —Parece que no.
SÓCRATES. —¿Recuerdas haber dicho antes, que no debÃa tropezarse con los maestros de gimnasia, ni arrojarlos de las ciudades, porque un atleta haya abusado del pugilato y cometido alguna acción injusta, y que, en igual forma, si algún orador hace un uso indebido de la Retórica, no debe hacerse recaer la falta sobre su maestro, ni desterrarle del Estado, sino sobre el autor mismo de la injusticia, que no ha usado de la Retórica como debÃa? ¿Has dicho esto o no?
GORGIAS. —Lo he dicho.
SÓCRATES. —¿No acabamos de ver que este mismo orador es incapaz de cometer una injusticia?
GORGIAS. —Acabamos de verlo.