Gorgias
Gorgias PÓLUX. —¿Y cómo no ha de ser injusto un hombre, que ningún derecho tiene al trono que ocupa, habiendo nacido de una madre, esclava de Alcetas, hermano de Pérdicas? ¿Un hombre que, según las leyes, era esclavo de Alcetas, a quien debió servir en este concepto, si hubiera querido llenar los deberes de la justicia, haciéndose así dichoso, según tú supones? Mientras que hoy se ha hecho soberanamente desgraciado, puesto que ha cometido los mayores crímenes; porque habiendo enviado a buscar a Alcetas, su amo y su tío, como para entregarle la autoridad de que Pérdicas le había despojado, le recibió en su casa, embriagó a él y a su hijo Alejandro, que era primo suyo y como de la misma edad, y habiéndoles metido en un calabozo y trasportado de noche fuera de palacio, hizo degollar a ambos, desembarazándose de esta manera de ellos. Cometido este crimen, ni se apercibió de la extrema desgracia en que se había sumido, ni sintió el menor remordimiento; en términos que poco tiempo después, lejos de procurar hacerse dichoso, cuidando, como era justo, de la educación de su hermano, hijo legítimo de Pérdicas, de edad de siete años, y a quien pertenecía la corona de derecho, lejos de dársela, le arrojó a un pozo, después de haberle estrangulado; y dijo a su madre Cleopatra, que había caído al pozo por perseguir un ganso, y que se había ahogado. Así, pues, habiendo cometido más crímenes que ningún hombre de Macedonia, es hoy día, no el más dichoso, sino el más desgraciado de todos los macedonios. Y quizá hay más de un ateniense, comenzando por ti, que preferiría la condición de cualquiera otro macedonio a la de Arquelao.