Gorgias
Gorgias SÓCRATES. —Si mi alma fuese de oro, Calicles, ¿no crees que serÃa un objeto de gran goce para mà haber encontrado una de aquellas piedras excelentes que sirven para contrastar el oro; de manera que aproximando mi alma a esta piedra, si el toque era favorable, reconociese sin dudar que estoy en buen estado, y que no tengo necesidad de ninguna prueba?
CALICLES. —¿A qué viene esa pregunta, Sócrates?
SÓCRATES. —Voy a decÃrtelo: creo haber encontrado en tu persona este dichoso hallazgo.
CALICLES. —¿Por qué?